Un solo hombre hace brillar al pugilismo, con él la credibilidad y el reconocimiento de las masas. Devoto a sus sueños, con guardia baja se aferra a un destino de gloria; irreverente ante la inercia turbia de intereses -que comprometen la credibilidad y que flagelan y manchan un legado bien ganado de pugilistas- desafía con extrema elocuencia y sin censura a un sistema mal hecho y tendencioso.
El “maravilla”, figura fresca y oportuna que
despierta el ánimo y admiración inclusive ante aquellos distantes al boxeo; El “maravilla”
quilmeño irreverente de guardia heterodoxa aguarda aún por su momento de máxima
gloria, una cita ya próxima con la historia, avecinándose así con los más
grandes, justo ahí, próximo a los caminos de Monzón.
Así pues, la afición se encuentra
a la expectativa en el clímax de su trayectoria, observando cómo este nuevo
personaje nos inspira, aproximándose cada vez más a un gran destino.
Oportunidades solicita, del resto
se encarga él. De esta forma aguarda el Maravilla, de esta forma aguardo yo, de
esta forma aguardo el día en que regrese el campeón.
Dom.
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